CUENCOS TIBETANOS

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Los cuencos tibetanos están compuestos por una aleación de siete metales: plata, oro, mercurio, estaño, plomo, cobre y hierro y forjados de forma artesanal.
Se utilizan golpeándolos o frotándolos con una baqueta y producen un sonido cargado de armónicos de naturaleza sanadora.
Los cuencos tibetanos han sido creados con conciencia e intención y son utilizados como guías en ritos ceremoniales, el despertar de la conciencia y en la curación de enfermedades tanto a nivel físico, psíquico, mental, emocional y espiritualmente.

Terapia del sonido con cuencos Tibetanos

Toda terapia basada en el sonido, se basa en el principio de resonancia, por el cual una vibración más intensa y armónica contagia a otra más débil, disonante o no saludable.
El principio de resonancia designa la capacidad que tiene la vibración de llegar más allá, a través de las ondas vibratorias y provocar una vibración similar en otro cuerpo. Es decir es la capacidad que tiene una frecuencia de modificar a otra frecuencia.
Las mujeres que viven juntas o que pasan muchas horas juntas acaban ajustando sus ritmos hormonales. El ejército sabe que cuando cruzan un puente no pueden ir en formación, por el peligro de rotura del mismo, por lo que abandonan la formación hasta que lo han acabado de cruzar. Sendos ejemplos del principio de resonancia.

Además el sonido modifica nuestras ondas cerebrales, ayudándonos a entrar en otros niveles de conciencia, donde son posibles los estados de sanación espontánea y estados místicos, haciéndonos más receptivos a la auto-sanación.

El tercer factor de la terapia del sonido con cuencos tibetanos, son los armónicos. Cada vez que se produce un sonido aparecen los armónicos. Estos armónicos tienen efectos altamente beneficiosos sobre nuestro cuerpo y sobre nuestro campo energético.
Aunque no podamos escuchar frecuencias que están fuera de nuestro campo auditivo, ni podamos producir sonidos o frecuencias que estén fuera de nuestra capacidad, sin embargo mediante los armónicos podemos resonar con ellas.

Utilidades

Los cuencos tibetanos son instrumentos de curación, sanación, relajación y meditación, ayudándonos a establecer una vibración saludable en todo nuestro organismo, tanto a nivel físico, mental o psicológico, emocional y espiritualmente.
Son un medio maravilloso para equilibrar los chackras y cambiar la conciencia desde un estado alterado de ansiedad y estrés hacia un estado de paz, relajación y serenidad, induciendo estados de sanación espontánea y estados místicos y elevando nuestra frecuencia vibratoria.
Las personas que han experimentado un masaje sónico con cuencos experimentan grandes cambios, mayor claridad mental, aumento de la creatividad, mayor concentración, mayor visión de futuro y una gran sensación de paz. El resultado es un individuo más productivo, más centrado, más feliz, más sereno, más equilibrado, más en paz consigo mismo.

A nivel físico se utilizan en la curación de cualquier enfermedad; para recargar nuestro sistema energético, para aliviar el sufrimiento y el dolor (incluye el dolor emocional), para eliminar inflamaciones, para estados de ansiedad, angustia, estrés, depresión, tristeza, insomnio, hiperactividad.
Hace que los sistemas biológicos funcionen con más homeostasis; calma la mente y con ello el cuerpo y tiene efectos emocionales que influyen en los neuro-transmisores y los neuro-péptidos, que a su vez ayudarán a regular el sistema inmunitario, el sanador que llevamos dentro.

No sólo se oyen a través del oído, sino que sus vibraciones se perciben en toda la superficie corporal, sobre todo en las partes más sensibles, y penetran sin dañar en el interior del cuerpo, hasta la estructura molecular, masajeándonos y armonizándonos.

Origen e historia
Según el gran maestro bodhisattva tibetano Gwalwa Karmaza, los cuencos cantores del Tíbet emiten el sonido del vacío, que es el sonido del universo manifestándose. Son el símbolo de lo incognoscible y como aleación datan de la época del buddha histórico, Shakyamuni (560-480 a C.).
Los orígenes de los cuencos tibetanos y su historia detallada se pierden en el pasado lejano y seguramente es un regalo de la religión chamánica Bon, que existía en el Tíbet varios siglos antes de la llegada del budismo.
Tradicionalmente los cuencos tibetanos se utilizaban para la meditación y la sanación en los monasterios de monjes.
Instrumentos y cantos de origen chamánico. 

Desde la Prehistoria numerosas culturas y civilizaciones -sobre todo sus vanguardias intelectuales y espirituales- conocían el poder de la Música.

La Música provoca ciertos cambios biológicos, armoniza la respiración o la altera, incide en la presión externa de la sangre, demora la fatiga muscular, aumenta el umbral de sensibilidad, incide -positiva o negativamente- sobre la emoción, el ánimo y los sentimientos, tanto individuales como colectivos, y facilita el acceso a otras formas de percepción y conocimiento. No cualquier música, por supuesto, sino aquella compuesta y ejecutada para que produzca tales efectos. Pero no sólo La Música entendida comúnmente, sino también la oración, la salmodia, la jaculatoria, las melopeas, los cantos de boca cerrada, la recitación de mantras y la entonación de vocales y de fonemas que hoy denominamos ?toning? producen efectos poderosos comprobados por muchos profesionales de las ciencias y las artes de la salud a lo largo de los siglos.

El sonido de la sagrada sílaba Om, susurrado o solamente imaginado, puede desencadenar una onda vibratoria en la región del cerebro situada entre los ojos y bajo la frente. La prolongación del fonema ?M?, expulsando el aire por la nariz, propaga la vibración hacia el centro del cráneo, haciendo vibrar por resonancia la hipófisis y la glándula pineal. La hipófisis controla la síntesis de muchas hormonas, se relaciona con el equilibrio y la orientación del cuerpo en el espacio. La glándula pineal controla el ritmo de la respiración, los latidos cardiacos y el pulso rítmico de las glándulas sexuales.

La música siempre ha tenido una función social y colectiva en diferentes ámbitos: el bélico, el cinegético, el político, el publicitario, el terapéutico, el erótico y el religioso.

Como funcionan

El sonido de estos cuencos guía al cerebro hacia una frecuencia de onda alfa, que induce un profundo estado meditativo y apacible, al igual que una gran claridad mental. Adicionalmente, cuando se toca cerca o directamente encima del cuerpo, las vibraciones sonoras se transmiten a nuestra sangre y órganos, de modo que puede utilizarse como instrumento de sanación. Cada objeto vivo o inanimado tiene un campo vibracional energético único, y cuando dos objetos vibran en armonía sus campos vibracionales se fortalecen entre sí. Un cuerpo en perfecto estado de salud es como una orquesta, donde cada célula y cada órgano crea una resonancia en armonía con el ser completo. Pero cuando uno o más componentes corporales vibran fuera de tono, entonces el flujo natural de energía es reemplazado por una vibración inadecuada, apareciendo entonces la enfermedad. De modo que para devolver el estado de salud es necesario restituir la frecuencia natural fundamental, y ésto puede llevarse a cabo mediante la vibración y el sonido de los cuencos tibetanos. Resuenan con cada célula del cuerpo liberando cualquier bloqueo y restaurando el equilibrio perdido. Y no sólamente su sonido es maravilloso, sino también el silencio que experimentas una vez que el sonido se ha diluido en el aire y forma parte de tí.

Sabemos que el universo está formado por átomos. Cada átomo está formado por un núcleo (neutrones y protones) y un electrón o electrones que giran a gran velocidad alrededor del núcleo. El número de cada una de estas partículas difiere según la naturaleza de la materia. El movimiento de giro de los electrones origina un compás o cadencia que crea una onda. Siempre que coexisten cadencia, onda y forma, se produce Sonido.
Toda la materia es sonido y emite sonido, aunque dichos sonidos se encuentren, en su mayoría, fuera de nuestro limitado sentido físico de la audición. Nuestros cuerpo físicos, por consiguiente, son también campos electromagnéticos resonantes, generados por los átomos que nos configuran. La ciencia de la cimática demuestra de forma visual el modo en que el sonido configura la materia.

Cimática

El científico suizo doctor Hans Jenny pasó diez años de su vida observando y fotografiando los efectos del sonido en la materia inorgánica. Solía poner agua y otros líquidos, plásticos, engrudo y polvo sobre platos de acero a los que hacía vibrar con frecuencias distintas. Gran parte de este trabajo estaba inspirado en el de Ernst Chadldni, un científico del siglo XVIII que ponía granos de arena sobre un vidrio y los hacía vibrar con un arco de violín. La arena adquiría así las formas más hermosas y simétricas. Los experimentos de Jeny han permitido que la comprensión de la relación entre sonido y forma diera un salto cuántico hacia delante.Entre los cientos de fotografías que tanto él como su equipo tomaron hay algunas que parecen estrellas de mar, órganos humanos, bacterias microscópicas y vida subacuática.

Cuando se hace vibrar una superficie (de vidrio, metal o la superficie del agua) estas vibraciones se difunden en todas direcciones con la misma intensidad. Debido a que todas ellas se producen de la misma forma, estas ondas son iguales en cualquier dirección en que se esparcen.
Cuando una o más de estas ondas sonoras idénticas se encuentran, se anulan unas a otras. El lugar donde coinciden se llama punto de encuentro. La arena que yace en la lámina que vibra se sacude con las vibraciones. Se acumula en las zonas que no vibran (los puntos de encuentro) y de esta forma aparece el dibujo en líneas. Así se descubrió la forma tridimensional del sonido.

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