EL ACEBO

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ACEBO 
El origen de su nombre está en el latín acer, acre y acerbus, que significa acre si atendemos a su sabor y 
recio, si atendemos a su forma, refiriéndose probablemente a la especie de agujas que presentan sus duras hojas. Hay numerosas variedades, de las que se cultivan unas 70 por su alto valor ornamental. El acebo es un arbusto que puede alcanzar los dos metros. Su hoja es perenne, muy dura y brillante; sus flores se presentan en pequeños racimos, que dan lugar a los frutos tan característicos de bolitas rojas. 

Desde el año 1984 está prohibida la recolección venta y comercialización de cualquier parte de la planta o de la planta entera en Cataluña y algunas otras comunidades autónomas de la Península Ibérica, debido al abuso que se ha producido en los ultimos años, ya que forma parte de la dieta de diferentes animales que pueblan nuestros bosques y que encuentran en sus frutos el alimento necesario para pasar el duro y frío invierno. 

Debido a la forma especial de sus hojas y al color verde intenso, acompañado por los rojos frutos es la planta que más se ha utilizado a lo largo de los años para adornar los diferentes hogares por las fechas navideñas. 

La tradición de ponerlo como adorno en nuestros hogares nos viene de muy antiguo y en la antigüedad era muy venerada, debido a que era el símbolo de la fertilidad en medio del invierno, dando un toque de vida a la naturaleza y al propio hogar. 

Se suelen colocar ramitos de estas plantas en los marcos de las puertas y en las ventanas. La tradición dice que si dos personas se encuentran en una puerta sobre la que hay acebo o muérdago deben besarse. Esta tradición procede de los países del norte de Europa. En Estados Unidos se puso de moda en el siglo XIX. En España tiene poca tradición pero en Latinoamérica tiene más. 

Para los celtas, era un arbusto sagrado del que hacían uso durante el solsticio de invierno (época de la Navidad actual) para que les trajera suerte y prosperidad.

La sabiduría popular le atribuye otros poderes. Se dice que quien tiene plantas de acebo en su jardín, está protegido del fuego, los relámpagos y cualquier hechizo realizado en su contra.

También, que quemar madera de acebo o aplastar sus frutos como diversión, atrae la mala suerte.

Se le atribuyen propiedades que hacen crecer interiormente a quién convive con el acebo y se dice que es un símbolo de sinceridad, por lo que mentir junto a él es casi imposible.

Los druidas construían con ramas de acebo las varitas que empleaban para determinar la verdad en los juicios.

Como “árbol de la sinceridad”, se recurría a él una vez al año para meditar bajo su sombra, creyendo que el árbol valoraría el crecimiento interior y logros de la persona.

Se puede leer en algunos manuscritos que “aquellos que tengan un amor eterno en su corazón, y hayan errado, deberán llevar hojas de acebo”.

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