Manual aplicación de los cuencos tibetanos

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1. El origen de los cuencos tibetanos
En los Monasterios del Tíbet, el uso del cuenco era una práctica habitual para la consecución de estados meditativos, equilibrio de los hemisferios cerebrales y de la propia polaridad. Los monjes tibetanos conservaban de esta manera un equilibrio total entre el cuerpo físico y los cuerpos sutiles. El sonido del cuenco les ayudaba a mantener la salud a nivel físico. Para este fin practicaban el sonido gutural que llega hasta el nivel celular, haciendo que todas las células recibieran el sonido único y personal realizado con el instrumento interno que son las cuerdas vocales y que cada célula reconoce como vibración de bienestar, llevándolas a sentirse en su día a día en perfecto equilibrio y armonía. 
Estos cuencos estaban hechos de forma artesanal y su composición incluía la combinación de siete metales (el siete es el número del poder en equilibrio).
Estos siete metales eran: oro, plata, níquel, cobre, cinc, antimonio y hierro. En algunos textos se da la información que se utilizaba «hierro espacial»; es decir, meteoritos.
Actualmente es muy difícil encontrar estos cuencos elaborados de forma artesanal. Para su realización los monjes artesanos disponían sobre una plancha la mezcla de estos metales fundidos formando un círculo, y a base de golpes precisos le iban dando su forma característica. Es por este motivo por el que los auténticos cuencos del Tíbet y Nepal presentan ese aspecto rudimentario (se notan los golpecitos y hendiduras).
Hoy en día se siguen mezclando metales para su elaboración, aunque suelen combinarse tres metales: cobre, bronce y hierro, y lógicamente, ya no son los monjes artesanos del Tíbet quienes los fabrican. 
Hay cuencos de diferentes tamaños y grosores. Cuanto más fina es su estructura más intenso y rápido será hacerlo cantar, y su sonido va a depender de la resonancia personal; es decir, que nos «encante».
Los mismos monjes tibetanos hacían de forma artesanal los auténticos cuencos tibetanos destinados para la sanación y los rituales sagrados. 
Estos cuencos pueden tener una antigüedad, como mínimo, de cuarenta o cincuenta años. Resulta excepcional hoy en día encontrar uno de estos cuencos, y además su precio puede resultar muy elevado.
He tenido la suerte de poder encontrar algunos de estos cuencos ocasionalmente en algunos rastros o mercados al aire libre en algunas ciudades de Europa y Latinoamérica y su energía es muy poderosa… se siente que su vibración al hacerlos sonar, de algún modo, es diferente, como si conservaran todo el amor de su anterior propietario. Este hecho me lo han corroborado personas que han acudido a mis cursos y que también han adquirido de esta manera su cuenco tibetano. 
Hoy en día, del Tíbet, Nepal y la India nos pueden llegar cuencos elaborados por artesanos de allí, puesto que la demanda turística como objetos decorativos va en aumento, además de la utilización meditativa y la faceta terapéutica que van incorporando algunos sanadores, terapeutas, etc., como ayuda a las nuevas terapias vibracionales y energéticas a través del sonido de los cuencos tibetanos. 

2. Saber elegir tu cuenco tibetano
Podemos encontrar cuencos tibetanos artesanales en tiendas denominadas de la «Nueva Era»; es decir, en lugares especializados en libros de crecimiento personal, inciensos, esencias florales, música de relajación, etc. También en ferias de artesanía étnica, en establecimientos especializados en productos orientales e incluso en algunas tiendas de objetos de segunda mano y anticuarios de algunas ciudades tanto de Europa como de Latinoamérica.
Muchas personas me han contado la cadena de sincronicidades (que más parecen circunstancias mágicas que casualidades) por las que su preciado cuenco tibetano ha llegado a sus vidas, como si una cadena de causalidades hubiera permitido que fuera el cuenco quien los ha elegido y no al contrario.
Para elegir un cuenco tibetano no conviene ir con prisas, ya que debemos tomarnos un tiempo para sostenerlos uno a uno en nuestras manos y hacerlos sonar, sentir su peso, su particular energía, su forma. Visualmente no tiene nada que ver el que nos parezca más o menos atractivo. Lo importante es hacerlos sonar y sentir cómo «resuena» en nuestro interior. 
También conviene que valoremos la diferencia entre sostener en nuestras manos un cuenco tibetano realizado de forma artesanal y un cuenco fabricado de forma industrial: ésta es una experiencia muy personal que sólo puede apreciarse de forma práctica por uno mismo: hay bastantes diferencias entre uno y otro, principalmente de precio (evidentemente los cuencos industriales son mas baratos y mas estéticos), pero recuerda: todo objeto sagrado no tiene precio sino valor. Aun así, puede que sientas algo especial al hacer sonar un brillante y dorado cuenco realizado con molde industrial y que te enamore su sonido… entonces, si tu corazón te dice que ése es tu sonido, hazle caso ya que lo importante no es lo que yo pueda decirte sino lo que te diga tu corazón.

Si bien es cierto que la elección de un cuenco tibetano es muy personal, se puede dar el caso de que quieras adquirirlo para regalárselo a otra persona, en este caso mi sugerencia es que igualmente sientas su sonido y energía tomándolo entre tus manos y haciéndolo sonar, sintiendo su vibración mientras piensas en la persona a la que se lo vas a obsequiar tratando de imaginar el sonido «que mejor le resonará»: si confías en tu intuición, seguro que no te equivocarás.
No es necesario tener ningún conocimiento previo para saber tocar el cuenco tibetano, pero es importante que tengas en cuenta estas sencillas sugerencias:

– Toma entre tus manos el cuenco tibetano que ha llamado tu atención; siéntelo, obsérvalo, mira su interior y su exterior (algunos cuencos tibetanos han sido decorados con dibujos o letras de lenguaje sánscrito o gurumuki, otros han sido coloreados, algunos tienen una apariencia de ser muy muy viejos, incluso usados…. no te dejes llevar por las apariencias: si tu intuición te ha llevado a tenerlo entre tus manos: siéntelo, siente su energía).

– Coge con tu mano diestra la baqueta de madera golpeadora y acércala al borde del cuenco: recuerda sostener el cuenco tibetano en la palma abierta de tu otra mano con los dedos extendidos, de lo contrario, cuando lo golpees, la sujeción de tus dedos parará la emisión del sonido y apenas notarás su increíble vibración.

– Ahora sin dudar, golpea suavemente pero con firmeza el borde del cuenco. Quizá te sirva el modo en el que yo doy el golpe: apoyo mi dedo índice sobre la baqueta de madera y de esta forma dirijo el golpe con firmeza y suavidad a la vez.

– No dudes en que el golpe será el adecuado y no te aflijas si no lo consigues a la primera; recuerda que todo es práctica y en ocasiones lo sencillo nos parece complicado. No te preocupes si el golpe se lo das «al aire»; seguro que en tu segundo intento lo consigues.

– Cuando por fin tengas ya la seguridad de que el golpe dará justo en el borde del cuenco, cierra los ojos y disfruta del maravilloso sonido que emite tu cuenco.

– Siente los diferentes sonidos que hay dentro de la vibración que emite tu cuenco: sentirás que hay un sonido ascendente, otro hace como ondas expansivas y otro más emite tenuemente un maravilloso Om.

– ¡Felicidades, lo has conseguido¡ Ya eres una persona experta en el sonido sagrado del cuenco tibetano.

– Ahora, en tus siguientes golpes al tañer tu cuenco puedes sujetarlo con tu mano diestra mientras dura el sonido y lentamente subirlo y bajarlo por el centro de tu cuerpo, acercándotelo al oído cuando parezca que se ha extinguido el sonido para sentir cómo todavía perdura su vibración.

De esta manera puedes realizar una preselección hasta determinar cuál es el cuenco tibetano que mejor suena con tu propia vibración. Puede ocurrir que sea más de un cuenco los que quieran que los lleves contigo.
En cuanto al tamaño, también es algo que tendrás que sentir: los cuencos pequeños emiten un sonido más agudo mientras que los cuencos de mayor tamaño tienen una vibración sonora mas grave como te explicaré más adelante.

***El sonido del cuenco cantor: el Om

Además del sonido que se logra al golpear el borde del cuenco con la baqueta, puedes hacer «cantar al cuenco». Se le llama así al sonido que emite el cuenco al pasar una baqueta de forma vertical por el borde de su contorno mediante una presión continuada hasta lograr que emita un especial y agudo sonido. Para ello es conveniente utilizar una baqueta de madera a la que previamente se habrá forrado con una tela como, por ejemplo, piel de gamuza (de venta en tiendas especializadas para el curtido de pieles, material para artesanos zapateros, etc.). De esta manera evitaremos que la madera sin forrar resbale sobre el borde del cuenco y produzca distorsiones en el sonido. 
Podrás comprobar que este sonido va más allá de la realidad. Si lo dejas sentir con los ojos cerrados, notarás cómo su energía sonora toma forma en espiral ascendente, ya que ésta es la manera en la que muchas personas logran entrar en trance y conectar con realidades paralelas expandiendo su percepción. Por otra parte, también hay personas a las que les resulta excesivo el sonido tan agudo que emite el sonido del cuenco cantor y prefieren sin ninguna duda el sonido que emite al golpear su borde.

*** Girar en sentido horario 

Puedes hacer cantar el cuenco tanto en sentido horario como antihorario. Es decir, girando la baqueta de madera por el borde externo del cuenco sin levantarla, hacia la derecha o hacia la izquierda. En sentido horario activamos la energía, expandimos, invocamos ayuda a los planos superiores de conciencia y ampliamos nuestra propia percepción interna. 
El sonido que surge es expansivo. 
Este sonido, en cuanto a la sanación equilibra nuestro campo electro-magnético o aura, lo vigoriza y le da energía. Sentiremos cómo nuestros centros vitales o chakras se armonizan y cómo se da una especial expansión de nuestro chakra corona.

*** Girar en sentido antihorario
Cuando hacemos sonar el cuenco con la baqueta en el sentido contrario de las manecillas del reloj, lo que hacemos es atraer la energía hacia dentro; es ideal para concentrarnos. De esta manera podemos limpiar nuestra aura de energías parasitarias o de vibración lenta, estancada o bloqueada en alguna parte de nuestro cuerpo tanto en el aura como en la energía interna, es decir la energía que puede haberse acumulado en forma de molestia o dolor en alguna de nuestras vísceras, órganos o sistemas. Éste es el principal motivo por el que ante un dolor muscular o de cabeza, cuando es de tipo energético, en la mayoría de ocasiones no se obtiene ningún diagnóstico a pesar de habernos hecho pruebas o análisis y sin embargo el dolor o molestia sigue estando presente, notaremos que al pasar el sonido del cuenco alrededor de la zona afectada, iremos notando cómo pueden aliviarse e incluso desaparecer dichas molestias. 
En este sentido, cuando la zona que nos causa molestias esté situada en una parte del cuerpo donde nos resulte fácil y cómodo aplicarnos el sonido del cuenco, sólo tendremos que hacerlo sonar y dirigir el sonido hacia dicha zona, dejando que el efecto armonizador de la vibración del cuenco, repare el desequilibrio de la energía, para lo cual permitiremos que el sonido sea «absorbido» por completo, esperando que finalice la vibración para emitir de nuevo otro golpe sobre el borde del cuenco con la baqueta que hayamos elegido para tal fin.
En el caso de que la zona que queramos tratarnos no esté al alcance o comodidad de nuestros brazos (la zona de la espalda por ejemplo) tendremos que pedir a otra persona que nos realice esta sencilla terapia vibracional tras indicarle cómo debe realizar el golpe o tañido del cuenco según sea nuestra preferencia.
Por supuesto que esta forma de aplicación del sonido del cuenco es un remedio puntual y temporal que no sustituye en modo alguno al hecho de recibir una sesión completa de sonido de cuencos tibetanos de manos de un terapeuta especializado en el sonido del cuenco.

Fragmento extraido del libro “Manual de apilcación de los cuencos tibetanos” de Nina Llinares. Ediciones Obelisco

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