ESPIRITUS ANIMALES

Los animales, dentro de la cosmovisión originaria, especialmente la vinculada con las prácticas chamánicas, tienen un valor especial. Reflejan cualidades que podemos imitar. Transmiten mensajes a través de su particular firma energética. Nos enseñan a encontrar el ritmo de nuestras acciones.
Desde la perspectiva de la espiritualidad natural todos los animales poseen un espíritu, un”Señor” de la especie, que manifiesta con magnificencia las cualidades esenciales de la especie. Por ejemplo, el señor de los Osos reúne en si mismo todos los rasgos que hacen inconfundible a este animal, y de la misma manera existe un Señor de los Pumas o de las Águilas. Cuando uno se conecta con alguno de estos espíritus animales de manera particular y directa (a través de un proceso que puede incluir iniciaciones, visualizaciones o prácticas especiales) ese animal se convierte en su “animal de poder”. A partir de ese momento, ese animal puede ser convocado en momentos de angustia, peligro o dolor, para solicitar su consejo, su protección o su apoyo.
De alguna manera, el concepto de animales de poder es universal. En el mundo occidental existen muchos clubes o sociedades con un animal protector, como la Orden de los Alces, la Real Orden de los Renos o el Club de Leones. Muchos equipos deportivos se identifican con un animal (por ejemplo, el seleccionado de rugby argentino es conocido como Los Pumas). El cristianismo reconoce dos animales de poder: el pez y el cordero, aunque podríamos agregar el águila y el león según las Escrituras (Apocalipsis). El horóscopo zodiacal incluye referencias animales (Escorpión, Cangrejo, Toro) y también lo hace el chino (Serpiente, Mono, Conejo). Los ejemplos formarían una lista casi interminable.
NUESTRA RELACION CON LOS ANIMALES
El trabajo espiritual con animales, sobre todo los llamados “de poder”, ha sido uno de los pilares del neochamanismo, como podemos descubrir con solo dar una mirada por los articulos que aparecen en la web.
Existen antecedentes antropológicos de esto: todas las culturas antiguas tuvieron un respeto y una consideración especial por los animales y desarrollaron los mas variados procedimientos para incorporar su energía, imitarlos y aprender de ellos. Resulta evidente que el contacto intenso con la naturaleza y la necesidad de sobrevivir a los desafíos del ambiente, convirtió a nuestros ancestros cazadores en agudos observadores del comportamiento animal. Esta atenta observación les permitió descubrir una sabiduría natural en los animales, la cual incorporaron a su cosmovisión y a su experiencia espiritual.
Es cierto, la vida en la Naturaleza nos pone en contacto con la experiencia animal, pero la vida en la ciudad no tiene por que alejarnos de ella. Existen muchas formas de mantener la relación con los animales, y sobre todo, tenemos a nuestro alcance muchísima información sobre sus modos de comportamiento y atributos. Esta información llega a nosotros a través de documentales de televisión, videos, Internet, fascículos especiales, la difusión que realizan las organizaciones de protección y conservación, etc.
Como en tantos ordenes de la vida el problema no es la falta de información o recursos. El problema es nuestra actitud. El problema somos nosotros. Llevamos muchos años entrenándonos para considerarnos diferentes de los animales (y en este contexto, “diferente” equivale a “superior”) y ahora se requiere mucho esfuerzo y re educación de nuestras pautas de pensamiento para reorientar nuestro vínculo con ellos.
Los seres humanos –excepto aquellas personas que intencionalmente han modificado drásticamente sus dietas- comemos carne animal. Pero consumir carne no debería implicar los cruentos métodos de aniquilación que utilizamos. Sin embargo, lo hacemos. Y no creo en una natural crueldad del hombre, mas bien considero que es nuestra ignorancia lo que conduce a la falta de compasión. No vemos al animal como un ser sensible, conciente e inteligente, y por lo tanto, no se nos ocurre considerar su sufrimiento. Simplemente, lo liquidamos. Así ha sido siempre, y constituye lo “normal”.
Lo mismo sucede con nuestra utilización de los animales para experimentos de laboratorio, probando nuevas drogas o utilizando sus cuerpos para demostrar hipótesis en el campo genético. Este comportamiento no es propiedad exclusiva de los mataderos o los grandes laboratorios. Como todo, empieza en casa. En ti y en mi. En lo que le enseñamos a nuestros hijos acerca de los animales.
Imaginemos una tarde de domingo. Llevamos a nuestros hijos al Zoológico. Entramos al reptilario, y mientras observamos los sutiles movimientos de una boa, podemos escuchar a las personas que pasan detrás nuestro, haciendo comentarios. Les sugiero que hagan la prueba. Deténganse un minuto ante cualquier sección, delante de cualquier jaula y escuchen con atención. Oirán cosas como:
No te acerques que te puede picar!” (miedo); “Que bicho feo! Dicen que se come a sus hijos” (prejuicio); “Tirale el palito, a ver que hace” (desprecio). En pocos minutos, habremos recibido una dosis de los tres venenos que constituyen la fórmula de nuestra actitud respecto al mundo animal.
Es esa actitud la que sostiene la matanza y no al revés
EL TRABAJO INTERNO CON ASISTENTES ANIMALES
Nos estamos perdiendo de muchas cosas al mantener esta actitud. Nos asociamos con gatos y perros desde el cariño y la compañía, y con los animales de tiro que colaboran con las tareas duras, pero los animales silvestres también tienen mucho para dar. Independientemente de su rol equilibrante, dentro de la red de vida que sostiene al planeta, en donde cada especie es imprescindible, los animales tienen un papel definitivo en nuestra evolución espiritual.
Consideren esto: los animales pueden convertirse en terapeutas. Lo ha demostrado con mucho éxito la zooterapia, en donde personas con necesidades especiales encuentran un estimulo isnuperable nadando con delfines o conectándose con caballos. Pero aunque no estemos en contacto directo con ellos, resultan arquetipos reveladores de nuestro ser interno y modelos orientadores de nuestra transformación si observamos con atención su comportamiento y dianmica vital.
Una hormiga nos enseña el valor de la comunidad y el esfuerzo, una mariposa la fragilidad de la vida y la belleza fugaz del momento presente.
Mas allá del plano psicológico, su rol espiritual no puede dejarse de lado. En un nivel sutil, mas allá de lo que nuestros sentidos físicos pueden detectar o nuestro razonamiento analizar, los espíritus animales pueden actuar como guías o convertirse en excelentes compañeros de meditación. Y en la vida real, si uno se toma el trabajo de escuchar con el cuerpo energético y no con la mente, comunican ideas, emociones e imágenes.
Tienen mucho que enseñarnos. Tenemos mucho que aprender. Solo existe un requisito: superar nuestra creencia en la superioridad humana. Si puedes lograr eso, las técnicas que te enseño en este capítulo transformaran tu experiencia vital de una manera total.
Extraído del libro de Flavia Carrión: “Chamanes y Poetas, el camino de la espiritualidad natural” (Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 2008)

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s