Ética del Practicante Reiki

–         No diagnosticar.
Éticamente no es correcto realizar diagnóstico de ninguna clase, ni psíquico ni físico. En primer lugar, porque este sistema no fue creado con tal fin, ni posee las herramientas para hacerlo.
En caso de realizarse se caería en el riesgo de equivocarse y de condicionar en forma negativa al receptor (además de darle un gran susto, por supuesto). 
Por otra parte, un diagnóstico debe hacerlo solamente un profesional de la salud (por ejemplo, un médico lo hará desde la medicina y nunca desde Reiki). 

Y los practicantes de Reiki no lo son. 
Generalmente, la actitud de dar diagnósticos, obedece a un afán por destacarse o de manipular a la persona que llegó a hacerse Reiki.

–         No es posible prever resultados.
Y por lo tanto, tampoco se puede prometer resultados. Nuevamente vemos practicantes que pretenden colocarse en esa posición de superioridad frente a quien recibe la energía y prometen un efecto determinado. 
La experiencia nos dice que, en algunas personas una, sesión de Reiki puede tener el mismo efecto que diez sesiones en otra. 
Hay quienes sanan y otros no. 

Y no es el practicante quien determinará en forma anticipada cuál será el efecto final. 

Obviamente que eso está en manos de Dios.

–         No interferir con el tratamiento médico tradicional.
Nunca está de más aclarar este punto, ya que nos hemos enterado de algunos casos donde se aconseja cambiar o abandonar medicamentos.

Esto, en algunos países, puede ser considerado como práctica médica y el practicante, a menos que sea médico, puede terminar en prisión.
Para ser más claros: el practicante de Reiki ni siquiera tiene la necesidad de saber cuál es la enfermedad de quien lo recibe.

Simplemente canaliza la energía y ésta hace su trabajo.

–         Somos canales y no sanadores.
-“Yo lo sané”. O, -“yo lo curé”-, son frases habituales en los comentarios de algunos practicantes. ¡Nada más alejado de la realidad!.
Reiki, como camino de crecimiento espiritual, abre los canales de comunicación con nuestro Ser Superior y de ahí proviene toda mejoría y nunca por obra de la persona que canaliza.

–         Ningún instructor o maestro Reiki tiene la capacidad de medir objetivamente la capacidad de canalizar de sus alumnos.
Y por lo tanto, nunca debería decir si una persona está lista o no para tomar determinado nivel.

El avanzar en el camino de Reiki debe ser siempre una decisión tomada libremente. 

El instructor no debería alentar ni retrasar el avance de sus alumnos.

–         El practicante debe llevar una vida acorde con su práctica.
No pretendemos que quien practica Reiki se ilumine antes de dedicarse a canalizar energía para otros. 

Simplemente se trata de llevar una vida donde se vibre armoniosamente con lo que se está entregando. 

Si no es así, ¿realmente estaremos brindando la Luz de Reiki?

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