Archivo | 1 diciembre, 2013

Un violinista en el metro

Un violinista en el metro
Tomado de El Club de la Efectividad

Un hombre se sentó en una
estación del metro en Washington y comenzó a tocar el violín, en una fría mañana
de enero. Durante los siguientes 45 minutos, interpretó seis obras de Bach.
Durante el mismo tiempo, se calcula que pasaron por esa estación algo más de mil
personas, casi todas camino a sus trabajos.

Transcurrieron tres minutos
hasta que alguien se detuvo ante el músico. Un hombre de mediana edad alteró por
un segundo su paso y advirtió que había una persona tocando música.

Un
minuto más tarde, el violinista recibió su primera donación: una mujer arrojó un
dólar en la lata y continuó su marcha.

Algunos minutos más tarde, alguien
se apoyó contra la pared a escuchar, pero enseguida miró su reloj y retomó su
camino.

Quien más atención prestó fue un niño de 3 años. Su madre tiraba
del brazo, apurada, pero el niño se plantó ante el músico. Cuando su madre logró
arrancarlo del lugar, el niño continuó volteando su cabeza para mirar al
artista. Esto se repitió con otros niños. Todos los padres, sin excepción, los
forzaron a seguir la marcha.

En los tres cuartos de hora que el músico
tocó, sólo siete personas se detuvieron y otras veinte dieron dinero, sin
interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares. Cuando terminó de tocar
y se hizo silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos, ni
reconocimientos.

Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno
de los mejores músicos del mundo, tocando las obras más complejas que se
escribieron alguna vez, en un violín tasado en 3.5 millones de dólares. Dos días
antes de su actuación en el metro, Bell colmó un teatro en Boston, con
localidades que promediaban los 100 dólares.

Esta es una historia real.

La actuación de Joshua Bell de incógnito en el metro fue organizada por el
diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la
percepción, el gusto y las prioridades de las personas. La consigna era: en un
ambiente banal y a una hora inconveniente, ¿percibimos la belleza? ¿Nos
detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto
inesperado?

Una de las conclusiones de esta experiencia, podría ser la
siguiente: Si no tenemos un instante para detenernos a escuchar a uno de los
mejores músicos interpretar la mejor música escrita, ¿¿¿¿¿qué otras cosas nos
estaremos perdiendo????????? 

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Dios y la creación de la mujer.

Para cuando Dios hizo a la mujer, ya estaba en su sexto día de trabajo de horas extras.
Un ángel apareció y le dijo: “¿Por qué dedicas tanto tiempo a ésta?”
Y El Señor contestó: “¿Has visto mi hoja de Especificaciones para ella?”: Debe ser completamente lavable, pero no ser de plástico; tener más de 200 piezas movibles (todas cambiables) y ser capaz de funcionar con una dieta de cualquier cosa, incluso sobras; tener un regazo que pueda acomodar cuatro niños al mismo tiempo; tener un beso que pueda curar desde una rodilla raspada hasta un corazón roto… Y debe hacerlo todo con solamente dos manos.”
El ángel se maravilló de los requisitos. “¡Solamente dos manos… Imposible!“ ¿Y éste es solamente el modelo estándar? Es demasiado trabajo para un día… Espera hasta mañana para terminarla.
“No lo haré”, protestó El Señor. “Estoy tan cerca de terminar esta creación, que es favorita de Mi propio corazón. Ella ya se cura sola cuando está enferma y puede trabajar días de 18 horas.
El ángel se acercó más y tocó a la mujer: “Pero la has hecho tan suave, Señor…”
“Es suave” – dijo Dios -, pero la he hecho también fuerte. No tienes idea de lo que puede aguantar o lograr”.
“¿Será capaz de pensar?”, preguntó el ángel.
Y Dios contestó: “No solamente será capaz de pensar, sino de razonar y de negociar”.
El ángel entonces notó algo y alargando la mano tocó la mejilla de la mujer…. “Señor”, – dijo – “parece que este modelo tiene una fuga… Te dije que estabas tratando de poner demasiadas cosas en ella…”
“Eso no es ninguna fuga… es una lágrima”, le corrigió El Señor.
“¿Para qué es la lágrima?”, preguntó el ángel.
Y Dios le dijo: “Las lágrimas son su manera de expresar su dicha, su pena, su desengaño, su amor, su soledad, su sufrimiento… Y su orgullo”.
Esto impresionó mucho al ángel, que dijo: “Eres Único, Señor, pensaste en todo. La mujer es verdaderamente maravillosa”.
¡Y lo es!
La mujer tiene fuerzas que maravillan a los hombres.
Aguanta dificultades, lleva grandes cargas, pero tiene felicidad, amor y dicha.
Sonríe cuando quiere gritar; canta cuando quiere llorar. Llora cuando está feliz y ríe cuando está nerviosa.
Lucha por lo que cree. Se enfrenta a la injusticia.
No acepta un “no” por respuesta cuando ella cree que hay una solución mejor.
Se priva para que su familia pueda tener.
Va al médico con una amiga que tiene miedo de ir.
Ama incondicionalmente: llora cuando sus hijos triunfan y se alegra cuando sus amistades consiguen premios.
Es feliz cuando escucha sobre un nacimiento o una boda.
Su corazón se rompe cuando muere una amiga.
Sufre con la pérdida de un ser querido, sin embargo es fuerte cuando piensa que ya no hay más fuerza.
Sabe que un beso y un abrazo pueden ayudar a curar un corazón roto…
Sin embargo, hay un defecto en la mujer:
Siempre se le olvida cuánto vale.