Archivo | 19 diciembre, 2013

Invocación a los cuatro elementos

Los Elementales (también llamados Espíritus Elementales) considerados por la Magia son cuatro: Tierra, Aire, Agua y Fuego. 

Los mismos son fuerzas cósmicas muy poderosas representadas por seres vivientes invisibles al ojo común y constituyen una verdadera fuente de poder. A estas entidades se les solicita ayuda en forma permanente y conviene con ellas entablar amistad, pues son muy sensibles y sutilmente vengativas con quienes causan daño a la naturaleza. 

A continuación les diré como invocar a los 4 elementos con unas oraciones: 

Elemento Tierra:
 

Nombre de los Espíritus: Gnomos (o Enanos), Duendes, Trolls, Brownies. Los Gnomos atraen riquezas y se los convoca mediante polvos y sales. 

Sienten afinidad con la sobriedad, la limpieza, la organización y el orden. Prestan su ayuda a las personas ordenadas, laboriosas, amantes de la naturaleza y del saber.

Una forma de congratularse con ellos es teniendo una planta en la casa, cuidándola y hablándole y enterrando una moneda en la tierra, pedirle que interceda ante los espíritus de la tierra a fines de atraer riqueza y prosperidad . 

Invocación a los Elementales de la Tierra: 

Invoco a los Espíritus que habitan la madre Tierra. 
Invoco a las fuerzas telúricas que sostienen 
Nuestra humilde existencia. 
Invoco a Gob, caudillo de los Gnomos. 
Invoco a todos los elementales benéficos de la Tierra 
Para que atraigan sobre mi persona bienestar y riquezas 
Y alejen de mí la maldición de la carencia. 

Elemento Aire: 

Nombre de los Espíritus: Silfos (o Céfiros) y Sílfides, Gigantes, Grifos, Gerontes. 

A estos espíritus los atraen los inciensos y los aceites. Se relacionan con la comunicación, los viajes y la inspiración. Son seres que viven en el aire, alegres y gentiles, amantes de la luz del Sol y de la Luna. 

Son muy convocados por los magos para desarrollar los poderes de videncia. 

Invocación a los Elementales del Aire: 

Invoco a los Elementales del Aire y del viento. 
Invoco a Paralda, caudillo de los Silfos. 
Invoco la suave brisa que trae videncia e inspiración a la mente. 
Invoco a estas fuerzas dadoras de inspiración, videncia e intuición. 

Elemento Agua: 

Nombre de los Espíritus: Ondinas (o Ninfas), Sirenas, Náyades, Nereydas. 

A estos Espíritus se los puede atraer con lavados y soluciones. Rigen a los vegetales y a los procesos de curación. 

Estos seres, de gran belleza y aspecto angelical, viven en las profundidades acuáticas. Tienen que ver con el amor, con la armonía, los placeres sanos, la salud física y psíquica. 

Invocación a los Elementales del Agua: 

Invoco a los Elementales del Agua. 
Invoco a Neckna, caudilla de las Ninfas. 
Invoco a las dulces fuerzas pacíficas pero poderosas de la savia vital. 
Invoco a la belleza oculta pero generosa del fluido viviente. 
Invoco a todas estas fuerzas para que traigan 
salud, bienestar y amor a mi vida. 

Elemento Fuego:

Nombre de los Espíritus: Salamandras, Gárgolas, Dragones. 
A estos Espíritus los atraen el fuego y el incienso. Administran cambio y libertad. 

Habitan en el fuego y se encargan de destruir todas las fuerzas negativas, maleficios y conjuros que exista sobre una persona. 

Limpian y purifican de bajas pasiones y vicios y además nos permiten cambiar para mejorar aquello que traba nuestro desarrollo. 

Invocación a los Elementales del Fuego: 

Invoco a los Elementales del Fuego. 
Invoco a Djin, caudillo de las Salamandras. 
Invoco a los poderes del cambio y de la luz. 
Invoco al fuego que consume las mezquindades, 
vicios y bajas pasiones. 
Invoco a estas fuerzas para que me concedan 
fortaleza para cambiar, y me liberen 
de todos aquellos conjuros, 
maleficios y negatividades 
ejercidas sobre mi persona.

 

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LA BÚSQUEDA -por Adyashanti

La búsqueda de la iluminación es la búsqueda de la verdad o la realidad. No es una búsqueda de ideas acerca de la verdad —eso es filosofía. Y no es una búsqueda para realizar tus fantasías acerca de la verdad —eso es religión fundamentalizada. Es una búsqueda de la verdad en términos de la verdad. Es una búsqueda del principio fundamental de la vida, el elemento unificador de la existencia.

En tus tranquilos momentos de honestidad, sabes que no eres la persona como te presentas, o que pretendes ser. A pesar de que has cambiado las identidades muchas veces, y han cambiado incluso en el curso de un solo día, ninguna de ellas te satisface durante mucho tiempo. Todas ellas están en un proceso de decadencia constante. En un momento eres una persona amable, el próximo una persona enojada. Un día eres una persona indulgente y mundana; y al siguiente un amante de Dios puro y espiritual. Un momento amas la imagen de ti mismo, y la próxima vez la detestas. Y no sales de ahí, identificándote con una imagen de ti mismo una y otra vez, cada una tan separada y falsa como la última.

Cuando este juego de la ilusión es lo suficientemente aburrido o doloroso, algo dentro de ti empieza a moverse. De entre la insatisfacción de la separación surge la intuición de que hay algo más real de lo que eres consciente ahora. Es la intuición de que existe la verdad, aunque no sabes lo que es. Pero sabes, intuyes, que la verdad existe, la verdad que no tiene absolutamente nada que ver con tus ideas sobre ella. Pero de alguna manera sabes que la verdad sobre ti y toda la vida existe.

Una vez que recibes esta intuición, esta revelación, te verás obligado a encontrarla. No tendrás ninguna opción en la materia. Habrás comenzado conscientemente la auténtica búsqueda de la iluminación, y no hay vuelta atrás. La vida como la has conocido nunca será la misma.

Un gran maestro Zen dijo: “No busques la verdad; simplemente deja de acariciar ilusiones.” Si hay una práctica primordial o camino hacia la iluminación es este —deja de acariciar ilusiones. Buscar la verdad puede ser un juego, completado con una nueva identidad como buscador de la verdad impulsado por nuevas ideas y creencias. Pero dejar de acariciar ilusiones no es un juego; es una forma valiente e íntima de deconstrucción de ti mismo hasta la nada. Deshazte de todas tus ilusiones y lo que queda es la verdad. No encuentras la verdad hasta que te tropiezas con ella cuando te has desecho de tus ilusiones.

El maestro decía: “No busques la verdad.” Pero tú no puedes dejar de buscar sólo porque algún maestro Zen lo diga. Buscar es una energía, un movimiento hacia algo. Los buscadores espirituales se están moviendo hacia Dios, el nirvana, la iluminación, la verdad última, lo que sea. Para buscar algo, debes tener al menos una vaga idea o imagen de qué es lo que están buscando. Pero la verdad última no es una idea o una imagen o algo que hay que alcanzar de nuevo. Por lo tanto, buscar la verdad como algo objetivo es una pérdida de tiempo y energía. La verdad no se puede encontrar mediante la búsqueda de ella, simplemente porque la verdad es lo que tú eres. Buscar lo que tú eres es tan tonto como tus zapatos buscando sus suelas caminando en círculos. ¿Cuál es el camino que llevará a tus zapatos a sus suelas? Es por eso que el maestro Zen dijo: “No busques la verdad.” En cambio, deja de acariciar ilusiones.

Dejar de acariciar ilusiones es una manera de invertir la energía de buscar. La energía de la búsqueda estará allí de una forma u otra hasta que despiertes del estado de sueño. No puedes simplemente deshacerte de ella. Es necesario aprender cómo invertirla y utilizar la energía para deconstruir las ilusiones que mantienen tu conciencia en el estado de sueño. Esto parece relativamente simple, pero las consecuencias pueden parecer bastante desconcertantes, incluso amenazantes. No estoy hablando aquí de una nueva técnica espiritual; estoy hablando de una orientación radicalmente diferente a toda tu vida espiritual. Esto no es poca cosa. Es una cosa muy grande, y tu mejor oportunidad de despertar depende de ella.”No busques la verdad; simplemente deja de acariciar ilusiones.”

Y si tú eres como la mayoría de las personas espiritualmente orientadas, tu espiritualidad es tu más acariciada ilusión.

Imagina eso.

 

por Adyashanti

Adyashanti

 

Los médicos apoyan las terapias alternativas contra el cáncer

Luis Olay, Santiago Vilar, a la derecha, y, al fondo, Marián Torres.

La medicina china, la ayurvédica o la homeopatía y terapias como osteopatía, el reiki o las flores de Bach son aconsejables para los enfermos con cáncer, siempre como complemento del tratamiento principal. Eso explicó Marián Torres, experta en ese tipo de técnicas, en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA, en un acto organizado en colaboración con el centro integral de estética oncológica Ars Vitality.

Torres aseguró que dichas terapias son útiles «para controlar los síntomas y mejorar el estado general del enfermo, haciendo que afronte la enfermedad de forma más positiva». Luis Olay Gayoso, oncólogo del Hospital Universitario Central y director científico del Aula de Apoyo al Paciente con Cáncer, coincidió con ella y afirmó que esas técnicas «nos van a ayudar, existe peso científico para decirlo». También intervino en el acto Santiago Vilar, director de la Unidad de Oncología Radioterápica del Instituto de Medicina Oncológica y Molecular de Asturias.