Archivos

UN ANGEL LLAMADO MAMA

Cuenta la leyenda que un angelito estaba en el cielo, cuando Dios, lo llamó y le encomendó una misión, con dulce voz le dijo, tendrás que ir a la tierra y nacer como los humanos, serás un pequeño niño y crecerás hasta llegar a ser un hombre. 

Espantado el angelito, preguntó, pero Señor, ¿cómo haré para vivir tan pequeño e indefenso, quien me cuidará? 

– Entre muchos ángeles escogí uno para ti que te está esperando y te cuidará. 

– Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, eso me basta para ser feliz…

– No te preocupes, tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz. 

– ¿Cómo entenderé lo que la gente habla si no conozco el idioma de los hombres? 

– Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y con cariño te enseñará a hablar. 

– ¿Y qué haré cuando quiera hablar contigo? 

– Tu ángel juntará tus manitas y te enseñará a orar y podrás hablarme… 

– He oído que en la tierra hay hombres malos, ¿quien me defenderá? 

– Tu ángel te defenderá a costa de su propia vida. 

– Pero estaré triste ya que no te veré más.

– Tu ángel te hablará siempre de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado durante todo el tiempo que estés entre los hombres. 

El angelito ya empieza a escuchar las voces que venían de la Tierra y atemorizado y con lágrimas en los ojos, dijo…

Dios mío, dime por lo menos el nombre de ese ángel que me cuidará,… 

“Su nombre no importa tú, le llamarás MAMÁ”

Anuncios

LA LEYENDA DEL AMOR ETERNO

Un día el hijo de un bravo guerrero se enamoró de una joven muy bella y ambos decidieron casarse tras lograr el permiso de sus padres. 

Como se amaban tanto y sabiendo de los peligros de la convivencia, decidieron visitar al brujo de la tribu para que les preparase un conjuro que hiciese su amor y su alianza realmente eternas. 

El brujo le dijo al guerrero: 

Ve a las Montañas del Norte y sube a la más alta que encuentres y cuando estés en su cima busca el halcón más vigoroso, el más fuerte y más valiente de todos. Debes cazarlo y traerlo vivo aquí. 

Luego dirigiéndose a la hermosa muchacha le dijo: 

Tú ve a las Montañas del Sur y busca en la cordillera el águila más cazadora, la que vuele más alto y de mirada más profunda. Tú solita debes cazarla y traerla viva aquí. 

Tras varios días de andar por las montañas, el guerrero y la muchacha consiguieron sus objetivos y volvieron muy satisfechos con las hermosas aves junto al brujo. 

-¿Qué debemos hacer con ellas? –le preguntaron

– Son hermosas y fuertes estas aves, ¿Verdad? –les preguntó el brujo. 

– Sí, respondieron ellos. Son las mejores que hay y nos costó mucho capturarlas. 

– ¿Las visteis volar muy alto y muy veloces? –les preguntó el brujo de nuevo. 

– Sí . Volaban más alto y más rápido que ninguna –respondieron los dos. 

– Muy bien. Ahora quiero que las atéis la una a la otra por las patas. 

Los dos jóvenes así lo hicieron y siguiendo las instrucciones del brujo después las soltaron. Las pobres aves intentaron echar a volar pero como estaban atadas la una a la otra se estorbaban y no pudieron hacerlo. Lo único que conseguían eran tropezarse la una con la otra y haciéndose daño se revolcaban por el suelo. 
– ¿Veis lo que les sucede a estas aves? –les dijo brujo- Atadas la una a la otra ninguna es capaz de volar mientras que solas lo hacían muy alto. Este es el conjuro que os doy para que vuestro amor sea eterno: 

“Que vuestra alianza no sea atadura para ninguno sino fuerza y aliento para crecer y mejorar como personas”

“Que vuestro amor no os cree dependencias sino que manifieste el cariño y la solidaridad de quienes comparten el mismo pan”

“Respetaros como personas y dejar que cada uno pueda volar libremente para ir aprendiendo a volar juntos por el ancho cielo”. 

“Si actuáis así vuestro amor podrá ser realmente eterno porque nunca será una limitación sino un estímulo para que cada uno pueda crecer”. 

Cierto es que todo lo que limita al alma muere tarde o temprano en esta vida porque nuestra ley suprema es la del crecer y evolucionar como personas. 

Muere un amor desgraciado que atenaza a los amantes y los oprime como personas. Muere con la alegría como quien de repente sale libre de una cárcel donde prisionera estaba su alma. 

Pero también muere un amor feliz aunque muera con pena. Muere cuando reblandece a los amantes y los hace más vulnerables y dependientes como personas. 

El único amor que nunca muere, el único amor que supera incluso a la muerte es ese pacto sagrado de las almas por el que ambas se ayudan en su evolución, por la que ambas se respetan para que puedan ser libres y a la vez solidarias entre sí. 

Si quieres que tu amor sea realmente inmortal, no ahogues con tu abrazo la libertad de tu amante y que vuestro pacto sea siempre el del mutuo crecimiento. 

Que vuestro amor os de fuerzas para volar muy altos como las águilas en el cielo, para volar juntos trazando círculos en el cielo y también para saber volar en solitario sin apegos y sin miedos. 

Sólo así vuestro amor podrá ser realmente eterno porque no sólo será alimento y gozo para el cuerpo sino fuerza para vuestro espíritu.

EL DULCE AROMA DE UN CAFE!!!

Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante, y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos, y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos, el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente.

Mirando a su hija le dijo: “Querida, ¿qué ves?”

“Zanahorias, huevos y café”, fue su respuesta.

La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias, ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

La hija preguntó: “¿Qué significa esto, padre?”

Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente.

La zanahoria llegó al agua fuerte, dura, soberbia; pero después de pasar por el agua hirviendo se había puesto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café, sin embargo, eran únicos: después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua.

“¿Cual eres tú, hija?”, le dijo. “Cuando la adversidad llama a tu puerta; ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable y un espíritu fluído, pero que después de una muerte, una separación, un despido, una piedra en el camino se vuelve duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargada y áspera, con un espíritu y un corazón endurecido? ¿O eres como un grano de café?

El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición, el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor, tú reaccionas en forma positiva, sin dejarte vencer, y haces que las cosas a tu alrededor mejoren, que ante la adversidad exista siempre una luz que ilumina tu camino y el de la gente que te rodea.

No dejes jamás de esparcir con tu fuerza y positivismo el “dulce aroma del café.”

CUENTO DE NAVIDAD

Un día, Alfredo, despertó en una víspera de Navidad, muy contento, pues una fecha muy importante estaba por llegar. Era el día del aniversario del Niño Jesús, y es lógico, el día en que Papá Noel vendría de visita como todos los años. Con sus siete añitos, esperaba ansiosamente el caer de la noche, para volver a dormir y espiar el calcetín que estaba en el frente de la puerta, pues no tenía árbol de Navidad. Se durmió muy tarde, para ver si conseguía atrapar a aquel “viejito”, pero como el sueño era mayor que su voluntad, se durmió profundamente. 
La mañana de Navidad, observó que su calcetín no estaba allí, y que no había regalo alguno en toda su casa. Su padre desempleado, con los ojos llenos de lágrimas, observaba atentamente a su hijo, y esperaba tener coraje para hablarle, que su sueño no existía, y con mucho dolor en el corazón lo llama:
– ¡Alfredo, hijo mío, ven acá¡ 
– ¿Papá? 
– ¿Qué ocurre hijo? 
– Papá Noel se olvidó de mí… 
Alfredo abraza a su padre y los dos se ponen a llorar. Alfredo dice:
– ¿El también se olvidó de ti papá? 
– No hijo mío. El mejor presente que yo podría haber ganado en la vida esta en mis brazos, y quédate tranquilo pues yo sé que Papá Noél no se olvidó de ti.
– Pero todos lo otros niños vecinos están jugando con sus presentes. El se olvidó de nuestra casa.
– No se olvidó… el presente te está abrazando ahora y va a llevarte a uno de los mejores paseos de tu vida.
Y así fueron a un parque y Alfredo jugó con su padre durante el resto del día, volviendo al anochecer. Alfredo llegó a casa muy cansado pero fue a su cuarto y “escribió” una carta para Papá Noel:
“Querido Papá Noel, yo sé que es demasiado tarde para pedir alguna cosa, pero quiero agradecer el presente que me diste. Deseo que todas las Navidades que yo pase, hagas que mi padre olvide sus problemas y que él pueda distraerse conmigo, pasando una tarde maravillosa como la de hoy. Gracias por mi vida, pues descubrí que no es con juguetes con lo que que somos felices, y sí con el verdadero sentimiento que está dentro de nosotros, que el señor despierta en las Navidades: Te da las gracias por todo: Alfredo.” Y se fue a dormir. 
Entrando al cuarto para dar las buenas noches a su hijo, el padre de Alfredo vio la cartita y a partir de ese día, no dejó que sus problemas afectasen la felicidad de ellos y comenzó a hacer que todos los días fuesen Navidad para ambos.
Queridos amigo y amigas si un niño de siete años, consiguió percibir que los mejores presentes que se pueden recibir no son materiales.. .¿por qué nosotros no hacemos lo mismo? Hagamos que cada día sea una Navidad, valorando la Amistad, el Cariño y todos los buenos sentimientos que existen dentro de nosotros. Al final, las únicas cosas que podremos llevarnos de esta vida, son los sentimientos, los recuerdos que quedarán guardadas en nuestros corazones.

CUENTO DEL MINOTAURO Y LA ESTRELLA

Era que ha mucho tiempo, en la pradera del Unicornio, cayó del cielo nuevo una estrella como cometa; genios, gnomos y duendes se acercaron a ella; era brillante y pequeña, con cinco puntas y una estela. La pregunta inevitable la realizó el profeta: “Qué te trae por estos lares a la tierra de la magia, mi pequeña”. La es­trella, consternada, dijo haber perdido su fuerza, cayendo al alba en la tierra que hoy enfrenta. El profeta dijo tener la respuesta: “Si al cielo nuevo quieres volver, deberás resolver el reto enfren­tándote al misterio. Irás a la cueva del Minotauro, a encontrar la respuesta. Ten cuidado, es truquero, te pondrá en duda si regre­sar tú quisieras”. Y la estrella, que quería volver a brillar eterna, emprendió pronta el viaje, ya que perdía su fuerza. La acompa­ñaron dos hadas y el guardián del arco iris, Indicándole el cami­no hasta llegar a la cueva. “Ésta es la entrada”. Temblando le proclamaron y. dejándola a su suerte, la estrella se preguntaba: “¿Entraré a este misterio o me quedo en esta tierra?” E, indecisa y sin fuerzas, sentóse al lado de una piedra. La piedra, una es­meralda transparente como el agua, díjole al verla sentada: “¿Tú también estás en duda?” Y la sorpresa de la estrella se hizo ver en sus palabras: “¿Qué tú eres, qué es lo que haces, por qué tú sabes mi duda?” “Yo era también una estrella, mas esperéme tanto tiempo que la decisión de entrar me llegara, que ahora pri­sionera me encuentro, sin poder regresar al cosmos con mis her­manas.

La estrella comprendió y, tomando fuerza de la ilusión de ser y estar donde quiera, corrió hacia la entrada, deteniéndose en la puerta. Un viento frío salía de la cueva, murmurando en sus no­tas: “Peligro, el Minotauro te espera”. La estrella temblaba y, queriendo regresar, miró al cielo y a la piedra; un nuevo Impulso sintió y con paso adelante, resuelta, entró donde pocos se en­frentan. La cueva era rara, con colores estelares, haces de luz re­corrían las paredes en juego de malabares. La estrella siguió buscando hasta encontrar una fuente, la cual a su paso se abrió, dejando ver un palacio tan grande como el sol creciente. En la sala principal. en un trono majestuoso, estaba sentado el rey, un minotauro “pequeño, del tamaño de un dedal”. “¿Tú eres el Mi­notauro?, le preguntó nuestra estrella y al momento, sacudien­do su corona, respondió: “El mismo, soy el rey de la duda y la Indecisión, del conflicto y los miedos, el rey del no puedo y no lo lograré jamás”. “¿Tantos reinos tienes y tan pequeñito eres?” “Soy pequeño, sí, pero nadie lo sabe; tengo muchos reinos, sí. porque pocos se atreven a desafiarme”. “Yo quiero nuevamente ser estrella, cruzar el firmamento como lo hacia antes de caer en estos lares”. El Minotauro le dijo: “Ya que descubriste mi secreto, te diré la respuesta: el camino está en ti misma, con tu decisión has abierto la puerta al reino de las estrellas”. Y con confianza renovada emprendió su regreso a casa, no sin antes sonreír por conocer esa verdad por la que antes ella temblaba. Ya afuera de la cueva y con una alegría enorme, contó sus aventuras a las piedras esmeraldas que ansiosas la esperaban, y así, develándo­se el misterio, renovando la confianza, hoy el cielo nuevo arriba de la pradera del Unicornio está colmado de estrellas y cometas gracias a una pequeña estrella de cinco puntas que atrevióse a cruzar la entrada.

UNA FORTUNA SIN SABERLO

Un día bajó el Señor a la tierra en forma de mendigo y se acercó a casa de un zapatero pobre y le dijo: 
– “Hermano, hace tiempo que no como y me siento muy cansado, aunque no tengo ni una sola moneda quisiera pedirte que me arreglaras mis sandalias para poder seguir caminando”.
El zapatero le respondió: 
– “¡Yo soy muy pobre y ya estoy cansado que todo el mundo viene a pedir y nadie viene a dar!”. 
El Señor le contestó: 
– “Yo puedo darte lo que tu quieras”. 
El zapatero le pregunto: 
– “¿Dinero inclusive?”. 
El Señor le respondió: 
– “Yo puedo darte 10 millones de dólares, pero a cambio de tus piernas”. 
– “¿Para qué quiero yo 10 millones de dólares si no voy a poder caminar, bailar, moverme libremente?”, dijo el zapatero. 
Entonces el Señor replicó: 
– “Está bien, te podría dar 100 millones de dólares, a cambio de tus brazos”. 
El zapatero le contestó: 
– “¿Para qué quiero yo 100 millones de dólares si no voy a poder comer solo, trabajar, jugar con mis hijos?”. 
Entonces el Señor le dijo: 
– “En ese caso, yo te puedo dar 1000 millones de dólares a cambio de tus ojos”. 
El zapatero respondió asustado: 
– “¿Para qué me sirven 1000 millones de dólares si no voy a poder ver el amanecer, ni a mi familia y mis amigos, ni todas las cosas que me rodean?”. 

Entonces el Señor le dijo: 
– “Ah hermano mío, ya ves qué fortuna tienes y no te das cuenta”.

LA TIENDA DEL CIELO

Hace mucho tiempo caminaba por el sendero de la vida y encontré un letrero que decía “La Tienda del Cielo”, me acerqué y la puerta se abrió lentamente, cuándo me di cuenta, ya estaba adentro.

Vi muchos seres queridos parados en todas partes. Uno de ellos me entregó una canasta y me dijo… Ten, compra con cuidado, todo lo que necesitas está en esta tienda.

Primero compre Paciencia y Tolerancia. El Amor estaba en la misma fila y tomé de él, más abajo había Comprensión que se necesita por donde uno vaya.

Compre dos cajas de Sabiduría y dos bolsas de Fe. Me encantó el empaque del Perdón. Me detuve a comprar Fuerza y Coraje para ayudarme en esta carrera que es la vida, ya tenía casi lista la canasta cuando recordé que necesitaba Gracias y Sonrisas, y que no podía olvidar la Salvación que la ofrecían gratis. Entonces tome bastante para ayudarme y ayudar a otros.

Caminé hasta el cajero para pagar la cuenta pues creí que tenía todo lo que necesitaba, pero cuando iba a llegar vi la Oración y la puse en mi canasta.

La Paz y la Felicidad estaban en los estantes pequeños al lado de la caja y aproveché para tomarlas. La Alegría colgaba del techo y arranqué una para mi. Llegué al cajero y le pregunte ¿Cuánto le debo?

EL sonrío y me contestó, lleva tu canasta donde vayas.

Si, pero ¿Cuánto le debo?

El otra vez sonrió y dijo:
“No te preocupes, tu deuda está paga desde hace mucho tiempo”.

Insistí nuevamente para pagar. Y él me dijo:
“Ocúpate de lo que llevas, agradécelo y compártelo”. “Cambia tu manera de pensar para que cambies tu manera de vivir”.